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11M. Redes para Ganar una Guerra

Author: David de Ugarte
Publisher: Barcelona: Icaria, 2004
Review Published: June 2005

 REVIEW 1: María Goicoechea (English)
 REVIEW 2: María Goicoechea (Español)

Encontrarse con el libro de David de Ugarte es una de las experiencias m�s refrescantes y reveladoras que el panorama intelectual espa�ol puede ofrecer, especialmente a aquellos lectores que no se han visto satisfechos con el discurso simplista y corto de miras que han transmitido al un�sono los medios de comunicaci�n y los pol�ticos en torno a los atentados del 11 M.

Para David de Ugarte los atentados del 11S y del 11 M nos han adentrado de golpe en el nuevo milenio, oblig�ndonos a dejar atr�s de manera irremisible nuestro antiguo modo de ver la realidad y a buscar nuevas estrategias anal�ticas y puntos de referencia. La incapacidad de los medios espa�oles para hacer un an�lisis riguroso de los atentados del 11 S demuestra a David de Ugarte la carencia de herramientas cr�ticas con la que la sociedad espa�ola se enfrenta al nuevo milenio y a sus amenazas:
    La Espa�a que es incapaz de entender el 11S es un pa�s de cuadrillas, un pa�s donde el protagonismo pol�tico y social reside en los �ltimos intentos de imponerle una identidad nacional can�nica al estilo de las del siglo XIX tanto por el gobierno del PP como por los emergentes independentismos perif�ricos. Ese mundo llega a su fin el 11M. (27)
Como muestra, la teor�a del justo castigo que utilizamos para comprender los hechos, primero en EEUU y luego en casa, nos ha dejado desarmados frente a la verdadera naturaleza del nuevo terrorismo de red. Independientemente de la legitimidad de las respuestas militares de EEUU o de Espa�a, que Ugarte no defiende, de lo que se trata es de entender que estas respuestas son in�tiles en tanto y cuanto est�n dise�adas seg�n modelos anticuados y, lejos de defendernos o protegernos del peligro, repercuten negativamente en el ciudadano, que ve recortadas sus libertades y derechos.

Los acontecimientos que siguen al 11 M ponen de manifiesto el surgimiento de una nueva forma de organizaci�n social, "la naci�n red," que para David de Ugarte es la respuesta m�s acertada y la clave para enfrentarse a los retos que plantea el terrorismo de red.

Sin embargo, para llegar a desarrollar las nuevas redes sociales de la cibercultura latina, pa�ses como Espa�a deben enfrentarse a la falta de identidad que caracteriza a su propia forma de organizaci�n aut�ctona: la cuadrilla. David de Ugarte apunta hacia la heterogeneidad de las agrupaciones espa�olas -- formadas m�s por proximidad que por afinidad -- como la causa principal para que estas "formas primitivas de red" no lleguen a crear medio, esto es, no sirvan como medio de transmisi�n de nuevas ideas, ni puedan ofrecer una resistencia a la comunicaci�n de masas o al caciquismo pol�tico.

El terrorismo de las clases medias

Otro de los signos de la miop�a del gobierno y de sociedad espa�ola, producto a su vez de la divisi�n en cuadrillas, de la separaci�n entre nosotros y ellos, es la asociaci�n de los atentados con un fen�meno extranjero, que nada ten�a que ver con nuestra escasa capacidad integradora: "El hecho que la asociaci�n AlQaida tiende a ocultar, es que los terroristas se convirtieron al wahabismo en Espa�a, el 11M no fue producto de un 'grupo terrorista extranjero,' fue el primer gran atentado del terrorismo isl�mico espa�ol" (39).

En el cap�tulo III, titulado "El islamismo espa�ol: Una mirada a la oscuridad," David de Ugarte desarrolla uno de los puntos m�s fuertes de su argumentaci�n al desbancar otro m�s de los lugares comunes en todo debate sobre terrorismo. En su an�lisis, destaca que no son precisamente los m�s desfavorecidos los que se revelan frente a una sociedad que les niega la integraci�n, sino que son los caciques locales en colaboraci�n con el discurso wahab�, los que introducen en Espa�a una ideolog�a fundamentalista hasta entonces muy alejada de la que tra�an los emigrantes musulmanes del Magreb, de tradici�n malaki y suf�.

La connivencia estatal, el dinero y el discurso integrista de los pr�ncipes saud�es, la fractura dentro del Islam espa�ol, la conexi�n entre la peque�a burgues�a comerciante y las mafias de barrio, y la cesi�n de un espacio social, disfrazado de multiculturalismo pero que en el fondo no es m�s que otro gueto, son algunas de las claves que aporta David de Ugarte para comprender el modo en que se genera en nuestro pa�s el caldo de cultivo que dar� pi� a los atentados del 11M.

En cuanto a la log�stica de los atentados descrita en el cap�tulo IV, "11M, el futuro que fue ayer," David de Ugarte destaca su naturaleza paras�tica, pues los terroristas aprovecharon la informaci�n, la tecnolog�a y las redes p�blicas, transformando su funci�n y convirti�ndolas en trampas mortales: "Es un puro 'hackeo' de la red ferroviaria, no un mero sabotaje o descarrilamiento. Los trenes son un medio para llevar las bombas, de hecho los trenes (como los aviones del 11 S) son la bomba" (53).

Contra un terrorismo en red, un virus replicante sin ubicaci�n precisa y desjerarquizado, no sirven el tipo de respuestas cl�sicas de la lucha antiterrorista (acoso pol�tico, restricci�n de derechos civiles, etc.): "Dicho en plata: el 'Patriot Act' no protege a los americanos un �pice m�s y sin embargo les ha hecho perder espacios de libertad . . . con lo que se han debilitado las redes civiles" (54).

Rajoy: llamada perdida

En los cap�tulos V y VI, David de Ugarte pone de relieve la incapacidad del gobierno durante el 11 M para detectar la naturaleza del nuevo enemigo as� como de la respuesta ciudadana y, por tanto, para reaccionar adecuadamente. De hecho, el gobierno del PP tir� piedras contra su propio tejado al apuntar hacia ETA, pues su pol�tica antiterrorista nacional, uno de los puntos fuertes de su mandato, parec�a haber fracasado estrepitosamente, a la vez que, al intentar disuadir a la poblaci�n de la autor�a de AlQaida, se autoinculpaba de modo impl�cito de su fracaso en pol�tica exterior. Otro escenario hubiera sido posible, como apunta el prologuista Rafael Estrella, si el partido en el gobierno hubiera convocado �l mismo manifestaciones en contra del terrorismo y presentado un frente com�n con el resto de los partidos pol�ticos ante una amenaza global, que estuvo siempre presente, independientemente de la intervenci�n espa�ola en la guerra de Irak.

Tampoco supo el gobierno reaccionar ante el nuevo papel desempe�ado por las redes sociales el 13 M. Por primera vez en Espa�a, el umbral de rebeld�a se traspas� y tomo cuerpo en un flashmob multitudinario, en el que cada usuario se convirti� en un nodo difusor gracias a la funci�n de SMS que ofrecen los m�viles y al papel que ejerci� la radio como amplificador. El gobierno s�lo pudo explicar el fen�meno como producto de una conspiraci�n del partido de la oposici�n, y de este modo dio la espalda a la nueva realidad en forma de red.

En "Pol�ticas para ganar una guerra" y "Redes para ganar una guerra," David de Ugarte hace una apreciaci�n de la situaci�n y nos propone un camino a seguir, dividiendo su propuesta en dos vertientes, la pol�tica y la social. Desde su perspectiva pol�tica, el terrorismo isl�mico es la respuesta violenta ante la p�rdida de poder que supone para algunos la globalizaci�n:
    La identificaci�n de la violencia con las v�ctimas de una situaci�n injusta es un error heredado de las ideolog�as del siglo XX que hay que superar para entender a AlQaida y el terrorismo de red. AlQaida representa la reacci�n de las dos primeras v�ctimas -- nada inocentes -- de la globalizaci�n en el mundo isl�mico: los peque�os caciques locales y las grandes familias de la oligarqu�a �rabe. Unas y otras temen perder el poder en un mundo que se abre. (73)
Sin embargo, mientras que su exposici�n del origen y de la naturaleza del terrorismo isl�mico es muy l�cida y reveladora, la soluci�n que presenta para modernizar el mundo �rabe, "liquidar la PAC" (77), supone una simplificaci�n que distorsiona la realidad y exime de toda responsabilidad a los gobiernos �rabes.

La postura de los arist�cratas �rabes del golfo es ambigua y premeditadamente intrincada. Podemos suponer que ellos mismos hayan impulsado el ingreso de sus pa�ses en la Organizaci�n Mundial del Comercio -- la cual, sin ning�n g�nero de duda, es uno de los principales motores de la globalizaci�n y en ella son miembros la pr�ctica totalidad de los pa�ses isl�micos -- y que, al mismo tiempo, socaven el poder de los pa�ses democr�ticos alentando atentados terroristas. Pero, en mi opini�n, es gratuito decir que los que huyen en pateras son v�ctimas del "atroz bloqueo comercial que el proteccionismo de la PAC representa" (74). Concluir que la PAC ha tenido como consecuencia "el abandono de los campos, la dependencia alimentaria y las migraciones masivas" (75) ser�a lo mismo que afirmar que las emigraciones espa�olas al norte de Europa en los a�os 60 fueron consecuencia de la pol�tica proteccionista de los pa�ses europeos.

La Uni�n Europea est� fomentando las relaciones comerciales con todos los pa�ses del Magreb, d�ndoles m�ltiples concesiones comerciales con un claro trato preferencial frente a otros pa�ses terceros. Prueba de ello es que en las negociaciones en el seno de la Organizaci�n Mundial de Comercio, en la V Conferencia Ministerial celebrada en el mes de septiembre de 2003, no se lleg� a un acuerdo sobre el paquete agr�cola porque un grupo de veintid�s pa�ses, capitaneados por Brasil e India, consideraron que las concesiones agr�colas que hac�an la Uni�n Europea, Estados Unidos y Jap�n, principalmente, no eran suficientes. Curiosamente en ese grupo, salvo Egipto, no est� ning�n pa�s del Magreb. La raz�n es sencilla, en la medida en que esas concesiones agr�colas se generalizaran a todo el resto de pa�ses de la OMC, se perder�an las ventajas relativas que tiene el Magreb en virtud del trato preferencial comunitario [1].

Me parece m�s acertado apuntar, como hace el autor en la vertiente social de su propuesta, hacia la dimensi�n social de la tecnolog�a y hacia los problemas de identidad que genera el nuevo entorno de la globalizaci�n. La pregunta que nos lanza es: "�C�mo vamos a integrar a los musulmanes, en su mayor�a emigrantes, en un pa�s de cuadrillas?" (78).

La alternativa que David de Ugarte propone frente al modelo del multiculturalismo es el mestizaje, el cual sit�a la diversidad en el individuo y no en las comunidades. Para ganar la batalla al terrorismo de red antiglobalizaci�n, seg�n David de Ugarte, es necesario generar m�s redes, m�s globalizaci�n y m�s libertades. Para que exista mestizaje es preciso la generaci�n de espacios y redes en los que la soberan�a recaiga en los individuos, los cuales deciden su grado de pertenencia a las diversas comunidades que libremente habitan.

Las nuevas tecnolog�as vuelven a dar espacio a la transmisi�n de contenidos de muchos a muchos, creando una nueva �gora donde las organizaciones civiles, anteriormente debilitadas por carencias de los sistemas de comunicaci�n, pueden tener cabida de nuevo. No tomar en cuenta este cambio fundamental introducido por las nuevas tecnolog�as en la dimensi�n social ha llevado a fracasos hist�ricos tanto al neoconservadurismo norteamericano como a su versi�n espa�ola.

Ganar una guerra ya no se basa exclusivamente en controlar f�sicamente un territorio, ni siquiera en controlar la imagen del conflicto que queremos que transmitan los medios de comunicaci�n, para ganar hace falta enfrentarse a una forma espec�fica de conflicto caracter�stica de la sociedad-red: el swarming. Esta nueva forma de lucha es la que representa el terrorismo de AlQaida, pero tambi�n existe un formato de swarming civil, precisamente del tipo que tom� por sorpresa tanto al gobierno americano como al espa�ol.

Es importante recalcar que David de Ugarte no hace hincapi� en la tecnolog�a sino en la identidad que se puede generar a trav�s de ella. AlQaida, por ejemplo, no necesita dar �rdenes de una manera jer�rquica, sino que transmite una se�a de identidad, compuesta por cuatro rasgos fundamentales, a los que se pueden acoger multitud de grupos dispersos y no necesariamente conectados con la base. Esta identidad red de AlQaida, que funciona del mismo modo que una franquicia, es lo que la hace tan escurridiza e irreductible.

Frente a esta red hay que crear m�s redes ciudadanas que transmitan otra se�a de identidad m�s comprensiva y atractiva, y que promuevan el desarrollo de las libertades individuales en organizaciones abiertas. David de Ugarte apunta intuitivamente en esta direcci�n, pero todav�a es dif�cil entrever c�mo se articular� una defensa efectiva contra el nuevo terrorismo desde las redes sociales, ni qu� tipo de interconectividad o densidad debe tener esa estructura en red, para que su propia estructura o forma de organizaci�n se convierta en una opci�n "pol�tica."

Como defiende David de Ugarte, "no hay nada m�s pol�tico que la forma de organizaci�n de un grupo" (35), y para �l, la estructura en red, descentralizada y ub�cua, representa una forma de gran potencial para transmitir una identidad mestiza e integradora. En oposici�n a este modelo, David de Ugarte coloca las estructuras profesionalizadas y jer�rquicas, contrarias a su ideal de sociedad abierta y en red.

Comparto plenamente la idea de que una sociedad m�s libre e integradora es indispensable para que el discurso de los fundamentalistas se vea cada vez m�s marginalizado y tenga menos atractivo para los j�venes inmigrantes. Coincido tambi�n con David de Ugarte con que es imprescindible romper la centralizaci�n informativa de modo que podamos tener acceso a otras fuentes, en otros idiomas, ya que el ingl�s, a pesar de ser una gran lingua franca, no da acceso a importantes fuentes locales que nos permitir�an ampliar nuestros discursos y dejarnos contaminar por nuevas ideas.

Sin embargo, la estructura en red, por s� sola, no representa una alternativa frente a las fuerzas centr�fugas y centr�petas que causan la fractura social. Mi pregunta es: Si se rechaza el modelo de "cuadrilla," basado en la noci�n de comunidad primitiva o Gemeinshaft, y tambi�n se rechaza la jerarquizaci�n o profesionalizaci�n de las comunidades de libre configuraci�n, modelo que siguen las comunidades de conocimiento, como por ejemplo las comunidades acad�micas, �qu� modelo tenemos?, �cu�l ser�, en la pr�ctica, la forma de organizaci�n que tendr� su ideal de comunidad abierta?

El libro de David de Ugarte es de una rotundez valios�sima, ya que nos ilumina el camino y nos hace formular preguntas urgentes acerca del laberinto de redes que se tejen a nuestro alrededor. Sin embargo, las respuestas las tendremos que seguir buscando todos juntos.

1. Ver art�culos: "El fracaso de la Cumbre de la OMC muestra la fortaleza negociadora de los pa�ses pobres," EL MUNDO, 16 de septiembre de 2003, Madrid; "Conferencia da OMC. Fracasso anunciado aumenta diviss�o entre mundo rico e pobre," Diario de Noticias, 16 de septiembre de 2003, Lisboa; "V Conferencia Ministerial de la OMC. La UE se equivoc� al acudir a Canc�n con la PAC reformada," Revista de la Asociaci�n Agraria J�venes Agricultores, Septiembre 2003, N 281, Madrid.

María Goicoechea (Español):
María Goicoechea estudi� Filología Inglesa en la Universidad Complutense de Madrid. Su tesis doctoral lleva por t�tulo El lector en el ciberespacio: Una etnograf�a literaria de la cibercultura (2004). Los campos de investigaci�n que le interesan son la teor�a literaria, la etnografía y la cibercultura. En estos momentos ense�a Literatura y Cine del Mediterr�neo en American University, en Madrid.  <mgoicoech@hotmail.com>

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