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Las Metáforas de Internet

Author: Edgar Gómez Cruz
Publisher: Barcelona, Spain: Editorial Universitat Oberta de Catalunya, 2007
Review Published: June 2009

 REVIEW 1: María Lourdes De Panbehchi
 REVIEW 2: Javier Gómez Murcia
 AUTHOR RESPONSE: Edgar Gómez Cruz

Las metáforas son imágenes con una gran capacidad para dotar de sentido y facilitar la compresión social de determinados fenómenos, pero también establecen un límite en el significado dentro del cual nunca quedan registradas todas las posibilidades, o al menos algunas permanecen borrosas. En ocasiones, estas imágenes actúan por analogía o como extensión de algo ya conocido para esclarecer objetos aún inciertos, incluso desconcertantes; otras veces, abren perspectivas reconfigurando sentidos y sensibilidades en torno a ellos. Emmanuel Lizcano distingue entre dos tipos de metáforas; las 'metáforas muertas' (o "zombies") y las 'metáforas vivas': mientras las del primer tipo forma parte del imaginario ya establecido y son asumidas y reproducidas de manera casi automática, las metáforas vivas "ofrecen una nueva perspectiva sobre algo familiar y nos hacen verlo con otros ojos" (Lizcano, 2006, p. 68). Edgar Gómez Cruz examina en su libro Las metáforas de Internet, algunos de los conceptos que han guiado desde sus orígenes la investigación sobre la Red. Muchas de ellas se tomaron prestadas de ámbitos externos a las ciencias sociales, como la ciencia ficción, el arte, el periodismo o el mundo de la publicidad y fueron incorporadas acríticamente a la academia como si se trataran de verdades ineludibles. El texto que nos ocupa repasa sus orígenes, llevando a cabo una rigurosa reconstrucción de las historias y procesos a través de los cuales tres metáforas concretas (ciberespacio, comunidad e identidad) llegaron a convertirse en una referencia básica dentro de los estudios sobre Internet.

Para empezar, nuestro lenguaje está plagado de metáforas; palabras comunes que actúan como tales, que denominan y dan nombre a las cosas y que a veces, en la práctica, acaban por desplazarlas y ocupar sus lugares. La existencia de un lenguaje "puro," racional, aséptico es quimérica, más bien el lenguaje aparece siempre contaminado. Palabras y conceptos son traducciones -- ¿y traiciones? -- del universo social y material a otros términos. Un sistema de signos estructurado que pretende organizar y categorizar la naturaleza humana y no humana a veces caótica. En algunos momentos, las metáforas llegan a ser incluso peligrosas, acarreando una labor ideológica de exclusión y estigmatización y, sin embargo, esas mismas metáforas en otras ocasiones pueden volverse sobre sí y pasar a ser líneas de significación muy útiles a la hora de aunar intereses y revestir de un sentido compartido o una susceptibilidad mutua a los actores sociales; ya que, en un contexto adecuado, adquieren cualidades estéticas y políticas capaces de desarrollar un interesante poder comunicativo/persuasivo para la movilización de sujetos y grupos.

Una perspectiva científico social adecuada debería adoptar cierta postura escéptica e indagar en esas construcciones cerradas para asomarse a cuanto haya detrás de ellas: ir más allá de los límites que introducen haciendo también visible aquello que posibilitan. Así lo hace Gómez Cruz, a través de su análisis de la utilización del ciberespacio, las comunidades y las identidades virtuales como conceptos teóricos. Estos tres elementos fueron un punto de articulación y reconocimiento clave para los investigadores de Internet, al tiempo que se hacían complementarios entre sí formando un "corpus" de conocimiento: "al existir un 'territorio' (ciberespacio) en el que se generaban interacciones que desembocaban en la creación de comunidades 'virtuales,' hacía falta una explicación sobre los sujetos que habitaban dicho territorio y la forma en la que éstos se constituían como seres sociales en él" (87). Desde el principio de los estudios sobre Internet, se pretendió atribuir diversas cualidades físicas a los nuevos entornos, a pesar de que éstos eran casi siempre textuales, al tiempo, otras posibles metáforas (la epistolar o la telefónica) pasaron desapercibidas (76). Más tarde los tres conceptos, rebotaron nuevamente desde (y avaladas por) la comunidad científica al imaginario social más general.

El texto toma como referencia el trabajo de algunos autores -- puntos de paso obligados -- en el proceso de la formación del campo. Por ejemplo, una reflexión de David Bell a la que se hace referencia es bastante significativa para entender las dificultades iniciales a la hora de establecer definiciones adecuadas para un objeto problemático. Según Gómez Cruz, Bell en su Introducción a la cibercultura reflexiona sobre el ciberespacio gibsoniano y apunta que es "una mezcla entre Internet y la realidad virtual" (38). Tal concepción del ciberespacio puede añadir un punto de importante confusión al debate emergente. Las propiedades de la 'realidad virtual' emuladoras de una 'realidad física,' poco tienen que ver con las experiencias comunes en Internet y, sin embargo, entraron de lleno en las representaciones académicas del ciberespacio. Quizá lo más parecido a estos simuladores, que generaban realidades alternativas, separadas discursivamente del 'mundo real' eran los MUD (Multi User Domines). Dicha separación o distinción frente a lo real es otra de las cualidades fundamentales del ciberespacio tal y como fue concebido por estos primeros pensadores de Internet. El éxito de este concepto es explicado irónicamente por Gómez Cruz como una 'alucinación' por parte de los académicos, quienes aceptaron fácilmente que se trataba de una especie de mundo -- espacio -- a parte, generado por una tecnología computacional en red -- cibernética.

En cuanto a la comunidad, Edgar Gómez encuentra una línea marcada por tres autores que estabilizan este concepto en los estudios de la comunicación mediada por computador. El primero de ellos, Licklider, un psicólogo experimental impulsor de una re-orientación de la ciencia computacional con el fin de servir a las necesidades humanas (54), introdujo el término comunidad para referirse a investigadores conectados en red, sin embargo, esta comunidad -- con intereses comunes -- es previa a la interacción a través de ordenadores y no al revés. Para el segundo, Howard Rheingold, la propia tecnología parece llevar implícita la formación de comunidades. Rheingold llega a esta conclusión tras analizar un caso muy particular, el de 'the WELL,' en el cual sus miembros contaban previamente con "recursos culturales extensos y redes sociales amplias" (71), aún así, Rheingold extrapola e identifica este modelo con resto de las CMC. El último de ellos, Steve Jones, es el académico que inaugura los estudios sobre Internet. Jones advierte de que el concepto comunidad no es sólo descriptivo, sino también constructivo; para este autor Internet es un espacio donde se genera cierto tipo de socialidad y, además, un espacio generado socialmente. "Es uno de los primeros en reformular el objeto de estudio hacia una orientación de corte más social" (80).

La última metáfora analizada por Gómez Cruz es la de 'identidad virtual.' En este punto el autor nos muestra cómo se gesta una ruptura entre el offline y online, ya que en el offline las cuestiones identitarias se plantean como un juego donde no intervienen los referentes online. En Internet, el alma se libera de las "pesadas" marcas de la encarnación. Sin olvidar la relevancia de una de las primeras autoras que aborda esta temática, Elisabeth Reid, no cabe duda de que la gran referencia en este punto es la figura de Sherry Turkle con su Life on screen. Para esta autora los ordenadores llevan la teoría postmoderna a la práctica (97), la pantalla del ordenador es a su vez una pantalla de proyecciones donde figuran identidades particulares y peculiares. Este planteamiento ronda la idea de que, como el cuerpo no está presente en la interacción, deben desarrollarse nuevos métodos de comunicación interpersonal. A pesar de resultar muy sugerentes, tales perspectivas continúan presuponiendo una mítica separación entre Internet y los demás ámbitos donde se desarrolla la vida cotidiana, además, existe un cierto descuido en relación a cómo afecta la propia tecnología que media en esa presentación de las identidades.

En definitiva, Las metáforas de Internet supone un audaz ejemplo de análisis y deconstrucción de algunos de los conceptos más fuertemente arraigados en el imaginario social sobre Internet. Una labor casi nunca fácil, dado que tales imágenes tienden a pensarse y sentirse incuestionables, incluso podría decirse que vivimos en ellas. El texto de Edgar Gómez explora una vía interesante: poner bajo sospecha las metáforas, buscar las vueltas lenguaje, mirar detrás de las palabras y encontrar como éstas han llegado a ser lo que son. Es decir, parte de un proceso, de una negociación prolongada en tiempos y espacios diversos. Quedan siempre metáforas por examinar y un acercamiento a ellas debería servirnos para, al tiempo, volver sobre el universo al que representan, más allá de los propios límites lingüísticos construidos y constituyentes.

Knorr Cetina, K. (1997) "Sociality with Objects. Social relations in Postsocial Knowledge Societies," in Theory, Culture & Society Vol. 14-4. London, Thousand Oaks and Neva Delhi: SAGE. Pp. 1-30.

Lizcano, E. (2006) Metáforas que nos piensan. Sobre ciencia, democracia y otras poderosas ficciones. Madrid: Traficantes de sueños.

Javier Gómez Murcia:
Javier Gómez Murcia es doctorando en el departamento de Sociología V (Teoría Sociológica) de la UCM, diplomado en Trabajo Social y licenciado en Sociología. Sus temas de interés giran en torno al campo de la cultura digital y los estudios sociales de la ciencia y la tecnología. Actualmente desarrolla su tesis sobre las implicaciones sociales de los soportes electrónicos de lectura y las nuevas formas de producción, difusión y recepción textual.  <damonjava@gmail.com>

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